Etapas de las llamas gemelas: LA ACEPTACIÓN
Las llamas gemelas consiguen llegar juntas a la etapa de aceptación, llamada también de rendición o entrega, cuando han limpiado suficiente karma y ambas son conscientes de que se necesitan para poder avanzar en el proceso de cada una.
En el viaje de las llamas gemelas, la llama que persigue podrá llegar a esta etapa sola si acepta que ambas están en procesos diferentes y deja de insistir en recuperar la relación con su llama, ya que cada uno es responsable de sus decisiones y no podemos cambiar las de los demás.
Si el perseguidor decide soltar y confiar en que esta unión divina se dará en el mejor momento para ambos, cuando los dos estén preparados, derrotará completamente a su ego, que habrá perdido el control.
Al confiar en que ocurrirá lo que sea mejor para ambos, el perseguidor entra en una nueva fase espiritual y puede superar el posible trauma del abandono y avanzar en el camino del crecimiento.
Las expectativas casi siempre nos generan frustración. Si nos obsesionamos con el resultado que deseamos, le estamos quitando importancia al viaje con nuestra llama y puede que estemos impidiendo que nuestro destino se desarrolle como debería.
En este estadio, la llama continúa ocupando el mismo lugar en nuestro corazón, sin espacio para el rencor, la rabia o la falta de aceptación de lo ocurrido.
Todas las fases en el viaje de las llamas gemelas habrán facilitado nuestra evolución.
El propósito de esta etapa es superar el ego, desarrollar una comunicación espiritual continua y confiar en que lo que ocurra es lo mejor para los dos. Lo que tenga que ser será en el momento adecuado.
Puede que las llamas pierdan todo contacto. Si es así, ambas sentirán ese vacío. No obstante, si, en lugar de centrarnos en el dolor, aprendemos a aceptar la decisión de nuestra llama y a confiar en que se trata de una unión sagrada y no podemos interferir en el momento en que deba ocurrir, habremos dado un gran paso.
Dicen que, si dejamos que las cosas ocurran sin resistirnos o interponernos, el destino se desarrolla con mayor facilidad.
Un dicho oriental lo explica con una metáfora: «El río no lucha por llegar al mar; simplemente fluye. Así también debe actuar el sabio, fluyendo con la vida sin resistencia».
Cuando soltamos la necesidad de controlar, nuestras dificultades comienzan a desaparecer.
En cambio, cuando ponemos el foco en la escasez, en la carencia o en el dolor, lo que hacemos es alimentarlos y creamos más de lo mismo.
Mi energía va donde dirijo mi atención y lo que reciba mi energía, sea positivo o negativo, crecerá.
Parece ser que la persona que se enfoca en su llama gemela es a la que le cuesta soltar y ser paciente. En mi caso realmente es así. Por eso, intento desarrollar ambas cosas.
He leído que en esta fase podemos ser un ejemplo de amor incondicional y empezar a existir en amor y a compartir amor. De este modo, atraeremos a las personas correctas y el camino hacia nuestra misión se acelerará.
Cuando soltemos a nuestra llama y todo lo que nos bloqueaba, nuestra llama gemela probablemente contactará de nuevo con nosotros.
Si entonces volvemos al comportamiento de antes y renunciamos a nuestro poder, cuando la llama gemela sienta que la energía va dirigida otra vez directamente hacia ella, inconscientemente querrá alejarse y volverá a desaparecer.
Los obstáculos son nuestros maestros. En cada uno hay una lección. Cuanto antes reconozcamos la lección, antes la superaremos.
Cuando estamos ante un obstáculo, a veces es mejor preguntarse ¿para qué aparece esto en mi vida?, en lugar de ¿por qué aparece esto en mi vida? La respuesta nos ayuda a ver la lección.
Nada aparece en la vida para hacerme caer. Todos los obstáculos son un medio de avanzar; pues la vida es como una larga escalera donde cada peldaño es una experiencia.
En lugar de desesperarnos, deberíamos agradecer estas lecciones que nos ayudan a cambiar nuestra forma de pensar. Con ellas aprendemos a aumentar el nivel de conciencia y a liberar los apegos energéticos negativos.
Practicando la paciencia, reconocemos las enseñanzas.
Dicen que cuando el estudiante está listo, el maestro aparece.
Cuando logramos soltar y creer que hay un poder mayor que nosotros, sentimos alivio, pues desaparece la necesidad de controlar. Puede que haya un plan divino y un tiempo divino.
No tiene sentido intentar «arreglar» a nuestra llama gemela. Si lo intentamos, bajaremos nuestra vibración y alargaremos el proceso.
Al fin y al cabo, dicen que el tiempo que necesite una llama para superar las distintas fases también depende de la otra.
Tengo que practicar la paciencia. Escuchar más y hablar menos. Sentarme en silencio para sentir mi alma y apaciguar mi mente.
La paciencia me ayuda a respirar mejor y me conduce a la paz interior. Según un dicho, la paciencia con los demás es respeto. La paciencia con uno mismo es sabiduría. Soltar da paz.
Losang Tsugtor
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