Cuentos del alma: El jardín interior

 Un discípulo se quejaba de que su alma estaba marchita.

El maestro lo llevó a un jardín seco, sin flores, y le dijo:

—Este también fue un paraíso. Pero su jardinero se fue.

—¿Y qué hago yo con mi alma? —preguntó el discípulo.

—Riega tu silencio. Planta presencia. Y arranca las malas hierbas del juicio.
Verás florecer tu alma como florece la primavera sin que nadie la obligue.

El alma florece donde se cultiva la atención amorosa.

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