Etapas de las llamas gemelas - LA PRUEBA

Después de la etapa de reconocimiento, en la que las llamas gemelas se dan cuenta de que son especiales la una para la otra y descubren que se sienten en casa cuando están juntas, suele venir la etapa de la prueba.

Esta fase de crisis entre las llamas también es conocida como el desafío del ego, pues ocurre precisamente cuando el ego toma el control.

Uno o ambos intentarán encajar la relación en el viejo modelo de amor que aprendieron, el de la clásica pareja sentimental. Pero lo que ellos tienen es de otra dimensión y no encajará en ningún modelo.

En este estadio, surgen entre las llamas los conflictos internos, las dudas y los miedos. Se pueden activar heridas emocionales o patrones kármicos.

Para superar esta fase, tenemos que ser muy conscientes de las trampas a las que nos someterá nuestro ego. Son muchas y es muy astuto. Casi siempre consigue vencernos. No debemos menospreciarlo.

El ego detesta perder el control y con las llamas gemelas siempre lo pierde, porque se comunican desde el corazón y no desde la mente. Por eso, nos hace huir de las situaciones que no controla.

Es nuestro ego el que nos incita a buscar constantemente la aprobación de los demás, aunque eso suponga apartarnos de lo que en realidad desea nuestro corazón.

La desaprobación de alguno de nuestros amigos o familiares, que, por supuesto, no entenderá lo que sentimos, le bastará al ego para convencer a una de las llamas de que no le conviene la relación con la otra.

El ego detesta los cambios. Hace que nos resistamos a lo nuevo y nos aferremos a lo conocido, aunque el cambio sea realmente beneficioso para nosotros. Nos hará dudar y nos incitará a seguir con lo de siempre y a que pensemos que más vale malo conocido que bueno por conocer, como afirma el famoso dicho que muchas personas siguen al pie de la letra.

Es un maestro del autoengaño, capaz de hacernos decir cosas que no sentimos y que incluso nos mintamos a nosotros mismos sobre nuestras verdaderas emociones, intenciones o capacidades.

Con nuestra autoestima hace lo que le da la gana y, si le interesa, actúa como si fuera un mago y hace desaparecer todas nuestras virtudes.

El ego es capaz de hacernos justificar comportamientos y decisiones erróneas y, encima, convencernos de que estamos en lo correcto cuando no sea así. La sabiduría popular ya lo dice claramente: «No creas todo lo que piensas».

Si lo considera conveniente, inflará nuestro orgullo para que menospreciemos a nuestra llama.

Cuando no le funcione esa táctica, nos convertirá en víctimas, para eximirnos de la responsabilidad de nuestras propias acciones y decisiones.

Sin embargo, lo más habitual es que nos ponga a la defensiva, impidiendo así que aceptemos lo que podría ayudarnos en nuestro crecimiento.

Otra característica del ego es que proyecta nuestros defectos e inseguridades en los demás para que no las reconozcamos en nosotros mismos y nos hace desconfiar de las intenciones de nuestra llama.

Si nada de eso le ha funcionado, recurrirá al rencor y resentimiento. Así impide la liberación emocional y el perdón, que es, en realidad, una muestra de amor.

Otras trampas del ego con las llamas gemelas son hacernos depender de nuestra imagen y apariencia externa y que olvidemos la importancia del desarrollo espiritual y emocional.

También puede hacer que busquemos la gratificación instantánea, sacrificando los beneficios a largo plazo, o que neguemos lo obvio y ni siquiera nos planteemos reflexionar.

El ego suele ser el principal responsable de que muchas llamas gemelas no lleguen a la unión física.

En la psicología, el ego es la parte de la mente que se encarga de la percepción y la regulación de la realidad. Actúa como núcleo de la identidad personal y la autoconciencia.

Para la filosofía, el ego es el concepto que tenemos de nosotros mismos como seres conscientes y pensantes.

Desde el punto de vista espiritual, el ego es una ilusión del yo que impide la realización de la unidad con el universo o con lo divino.

Solemos relacionar nuestra identidad con nuestra voz interior y creer que somos nuestros pensamientos. Al iniciar la práctica de la meditación, lo que más me sorprendió fue que podemos observar lo que pensamos, dejar de pensarlo y desecharlo, si nos interesa. Entonces, me di cuenta de que yo no soy mis pensamientos, sino el que observa mis pensamientos y, por lo tanto, puedo observar mi ego.

Al distanciarnos de los pensamientos, percibimos lo que nos decimos a nosotros mismos y podemos cambiarlo, si no es positivo o dice lo contrario de lo que sentimos, de lo que dice nuestro corazón.

Lo que pensamos y lo que nos decimos nos condiciona mucho en nuestra vida, para bien y para mal. Nuestros pensamientos son muy poderosos. Ya lo dijo John Milton en el siglo XVII en El paraíso perdido: «Nuestra mente puede hacer un infierno del paraíso y un paraíso del infierno».

El propósito de esta etapa en el viaje de las llamas gemelas es trascender los clásicos modelos de relaciones aprendidos. No resulta nada fácil, porque no solemos cuestionarlos y los aceptamos de forma inconsciente.

El viaje de la mayor parte de las llamas gemelas termina aquí.

Desprenderse del ego es muy difícil y los que lo consiguen pueden tardar varios años.

La fórmula para conseguirlo ya la dio hace mucho tiempo el famoso yogui hindú Paramahansa Yogananda. «La mente es como un espejo, recoge el polvo del ambiente. Necesita la limpieza del alma».

Losang Tsugtor

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Somos almas gemelas o llamas gemelas?

¿Es mi llama gemela o una persona narcisista?

Relaciones del alma: Las almas compañeras